Hasta hace poco me voy recuperando de la muerte de la hermana de mi padre, a la cual nunca le diji tía, y es que desde que tengo uso de razón, la conocí con su enfermedad, una enfermedad que me atemoriza, porque era casi seguro que podía terminar como ella. Ella tenía más de 35 años de vivir en un estado catatónico, solo comía y dormía, hacia sus necesidades fisiológicas donde le placiera, era como una bebé de 53 años, usaba panpers pues nunca avisaba, no vocalizo ningua palabra en todo el tiempo que la conocí, solo una riza fantasmagorica, se que en la mente de ella existia un universo sin descubrir, y ese universo se extingió sin que nadie supiera de su existencia, la negligencia de muchos y la ambición de otros hicieron de la vida de ella una simple e ignorada existencia. Para muchos al final se les veía una cara de remordimientos y de penas, pues hasta que murió sintieron la necesidad de hacer algo.
En mi caso quizá si no fuera por mi terapia estuviera igual que ellos, pero al final de este recorrido que he hecho, me he dado cuenta de la voluntad de Dios, no siento remordimiento por eso, pues mi vida es la lucha por no llegar al estado en que ella se encontraba, así que mi primera obligación era mi vida, y aunque siempre pensaba que cuando pudiera haría lo que fuera para hacer de los últimos días de su vida un poco más placenteros, Dios me ha quitado esa oportunidad, y solo me queda seguir mi camino, que por ratos siento que es como un caminar a oscuras.
domingo, agosto 07, 2005
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario